Reformas integrales, de baño y de cocina en Madrid

Madrid no se reforma igual en todos sus barrios, y el presupuesto lo nota desde la primera visita. En las fincas de principios del siglo XX de Chamberí, Salamanca o el centro aparecen forjados de madera, techos de más de tres metros, molduras que merece la pena conservar y tabiques de ladrillo macizo que no siempre se pueden tirar: antes de mover una pared conviene saber si carga, y eso se mira en la visita, no a mitad de obra.

En los bloques de los años cincuenta a setenta de Tetuán, Usera, Carabanchel o Puente de Vallecas lo habitual es otra cosa: instalación eléctrica con pocos circuitos, tuberías de hierro galvanizado y, en muchas fincas, sin ascensor, lo que obliga a subir el material y bajar el escombro a mano y se refleja en la partida de demolición. En los desarrollos más recientes, como Sanchinarro, Las Tablas o el Ensanche de Vallecas, la reforma suele ser de acabados: cambiar suelos, modernizar el baño o abrir la cocina al salón.

Hay además tres cosas muy de Madrid que planificamos desde el principio. La primera, los papeles: la mayoría de las obras interiores se tramitan con declaración responsable, pero si el edificio está protegido o se toca la estructura hace falta más, y lo comprobamos antes de dar fecha. La segunda, la calle: el contenedor y la descarga en la vía pública necesitan autorización, y en las zonas de aparcamiento regulado hay que organizar bien las entregas para que la obra no se pare por una furgoneta. La tercera, los vecinos: la comunidad suele fijar horarios para los trabajos con ruido, y concentramos la demolición en los primeros días para que la parte molesta dure lo menos posible.

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